Al llegar, una guitarra
lo primero que sentí
lo segundo vi a un gurí
que casi se despatarra
me crucé con una jarra
que montaba en una mano
una moza y un paisano
preguntándole si baila
y a unos metros en la paila
el abrazo de mi hermano.
Y escuchando la criolla
en seguida me apunté
para nada demodé
a revolver cada olla
la cuchara que se escolla
con un hueso de paleta
salpicándome la jeta
y la ropa como un croto
figurando pa' la foto
(mojando la camiseta).
Más artistas que cazuelas
había en la concurrencia
no eran pocos de la ciencia
tampoco de las escuelas
abuelos y más abuelas
el piberío a granel
por afuera sin corcel
una pista bancó sola
y al cantar de alguna viola
a una lluvia sin cuartel.
Empanadas qué decir...
terrible bestialidad
de primera calidad
horneadas y de freír
el locro fue el elixir
de la patria, continuado
desde cada antepasado
que pisó por esta tierra
por el alma que aún erra
se brindó el primer bocado.